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La escritura terapéutica

Palabras que curan

¿Quién fue la primera persona que dibujó un símbolo en la arena? ¿Qué sintió? ¿Se vio reflejada en ese símbolo? ¿Lo repitió en soledad o delante de otras personas? Eso no lo sabremos jamás. Sin embargo, podemos recordar, aunque sea levemente, nuestros primeros garabatos y cómo se transformaron en una sucesión de símbolos cada vez más legibles.

Muchos de nosotros alguna vez esbozamos una poesía o un cuento en la escuela, algunos lo hicimos por compromiso y otros por puro placer. Pocos adoptamos la escritura como un recurso de bienestar.

Hoy hablaremos de por qué las palabras nos pueden sanar y cómo lograrlo.

Cuando escribimos, nos conectamos directamente con nuestros pensamientos. Sólo pensamos en escribir. Debemos estructurar la oración, detenernos y recordar si esa palabra se escribe con “s” o con “c”, si lleva acento. Pero cuando escribimos con un objetivo terapéutico, no es necesario ocuparse de la ortografía o de la gramática. La escritura terapéutica no sólo se conecta con nuestra mente y sus pensamientos, sino también con nuestras emociones, con nuestros recuerdos.

Para comenzar a escribir, sugerimos encontrar un lugar tranquilo. Puede ser en tu casa o la casa de esa persona que tan bien te hace sentir, en una plaza, en el jardín de un museo, cada uno sabe cuándo y dónde comenzar. Si lo deseás, podés armar tu propio espacio. La escritura terapéutica es una herramienta de transformación personal. Por ende, todo esfuerzo previo de acondicionamiento del lugar es muy bienvenido.

Vamos a empezar con un escrito sencillo: trazar tres columnas. En la primera, hacer una lista de las partes del cuerpo, órganos, cabello, etc., que consideramos importantes. En la segunda, hacer una lista de palabras del por qué esa parte del cuerpo es importante. En la tercera, unir cada parte del cuerpo con una etapa de nuestra vida. Por último, tomar una etapa de la vida y escribir una carta a la persona de aquel momento.

¿Qué hacemos con los escritos? Es una decisión personal. Podemos guardarlos y ver la evolución, cerrarlos con una nota: “Para abrir el día xx”, hacer una fogata y quemarlos, o tirarlos a la basura.

Es necesario tomarnos el tiempo para nosotros mismos. Recuperar los instantes que nos dan placer. Hay muchos recursos que facilitan nuestra serenidad física, emocional y mental. Solo tenemos que encontrar cuáles nos agradan más o probar algunos que no conocemos. ¡Tal vez nos llevemos una sorpresa!

 

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¿Cuándo hacer un escrito terapéutico?

* Cuando quieras conocerte y comprenderte, o hacer lo que quieras y soltar historias de tus andanzas por un mundo increíble.

* Para construir una personalidad sólida sin engaños propios o ajenos y motivar tu autoestima.

* Para eliminar mandatos internos y externos e identificar heridas emocionales y sus cicatrices.

* En las noches de insomnio y excesiva ansiedad.

* Cuando es necesario romper con el dolor.

* Cuando busques paz interior y bienestar.
 

La escritura terapéutica no sólo se conecta con nuestra mente y sus pensamientos, sino también con nuestras emociones, con nuestros recuerdos.


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