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El Humor y la Matemática

Las primeras cuestiones que surgen por parte de nuestros alumnos cuando encaramos un nuevo tema son ¿para qué nos sirven? ¿es fácil? ¿por qué debo estudiar matemáticas? El pensamiento crítico los llena de inquietudes y cuestionamientos…

 

Podríamos comenzar diciendo que son muchas las actividades de la vida cotidiana que tienen relación con esta ciencia, por ejemplo, administrar dinero, preparar una receta de cocina, calcular la distancia que tenemos que recorrer para llegar a algún lugar, entre otras cosas, pero la respuesta va más allá.

La idea de que la matemática es sólo para “genios” o personas extremadamente inteligentes discrimina la valoración por las capacidades propias, muchas veces motivo de frustración de nuestros alumnos incidiendo indirectamente en la construcción del posicionamiento de cada uno de ellos ante cualquier situación cotidiana.

Hemos observado incontables veces en la práctica docente que, si un adolescente muestra confianza en sí mismo a través de la capacidad de poder reírse de sí, sin temor a exponerse al otro (lo que demuestra autenticidad y transparencia ante los demás) entonces los otros aprenden a confiar en él y no temen mostrarse tal cual son, generando vínculos de amistad sólidos y duraderos, basados en el conocimiento y la confianza en el otro, dejando de lado el estigma de la materia en sí.

Las personas que pasan más tiempo formando incongruencias que les parezcan graciosas, suelen desarrollar la habilidad de pensar en modos innovadores para conectar respuestas con problemas.

Todas estas situaciones que surgen permiten adoptar una actitud crítica ante las prácticas o las creencias habituales fortaleciendo, seguramente, la formación integral de nuestros alumnos. Capitalizado, tiene posibilidades de influir en su enseñanza y aprendizaje: para amenizar una clase y atraer la atención, para analizar y distinguir lo posible de lo imposible científicamente, para memorizar algo, para humanizar la ciencia, desmitificar su verdad absoluta o la excepcionalidad del científico.

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Cualquier material que se exponga, con agudeza y mirada crítica, puede introducir conceptos científicos, términos lingüísticos, formas de razonamiento que son susceptibles de comparación con ideas habituales y de uso cotidiano. Nos permite forzar la realidad, comprobar que esa realidad no es, en ocasiones, tan razonable como pudiera parecer.

Comprender el trasfondo científico de un chiste, unos dibujos, una lectura irreal o cómica exige conocimientos que muchas veces no se tienen. Supone saber ciencias para poder interpretarlo, extraer su contenido científico y analizar dónde se encuentra la doble visión que nos hace reír; descubrir la incongruencia, unas veces del lenguaje utilizado, otras de los conceptos que se han mezclado.

Son ideas, recursos, para enfocar desde otro punto de vista su enseñanza, no como un método nuevo sino como una herramienta más.

Comprender el trasfondo científico de un chiste, de una lectura irreal o cómica, supone saber ciencias para poder interpretarlo, extraer su contenido científico y analizar dónde se encuentra la doble visión que nos hace reír.

Estos elementos de humor podrían ser útiles para ayudar al debate y al análisis de cuestiones de igualdad, de respeto de las diferencias, sin admitir discriminación o admitiéndola ya que matemáticamente este concepto nos permite valorar las diferencias.

Por lo observado en la práctica docente, las personas que pasan más tiempo buscando y encontrando nuevas formas o formando incongruencias que les parezcan graciosas, suelen desarrollar una habilidad de pensar en modos innovadores para conectar respuestas con problemas, apropiándose para siempre del aprendizaje significativo alcanzado.

 

María Laura Di Romana y Valeria Ferri_300
Autor: María Laura Di Romana y Valeria Ferri
Profesoras Escuela C.A.S.M.


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